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Mi primera experiencia en una clínica de rehabilitación


Hace ya 2 años que conocí por primera vez una clínica de rehabilitación, en ese entonces me encontraba en el segundo semestre de la carrera de terapia física y rehabilitación.
En aquella ocasión, volví a mantener una plática con una fisioterapeuta, quien solía visitar el lugar en donde yo trabaja en busca de una nueva prenda, o en todo caso para pagar alguna deuda con la tienda misma.

Ese día me platicó que laboraba en una clínica de rehabilitación cerca de donde yo laboraba. Anteriormente ya me había platicado acerca de lo que ella hacía y de lo interesante y complejo que es ser fisioterapeuta.
Sin más, me ofrecí como voluntario. Le pregunté si podía ir a la clínica unas cuantas horas de lunes a viernes, y me dijo que platicaría con la dueña de la clínica para comentarle al respecto.

Dos días después me hablaron para hacerme una cita, y poder tener una entrevista con la dueña. Un día después me encontraba en la clínica. Estaba nervioso, y eso que ya había tenido entrevistas en varios trabajos pero esta ocasión era diferente, realmente quería estar ahí y conocer más al respecto del ambiente en el que se desenvuelve un fisio y salir un poco de aquel ambiente comercial de los lugares donde había laborado.

Entré a la clínica y sin querer, llegué mucho antes de la hora pactada.
Me recibió una mujer muy amable, y me comentó que la dueña no se encontraba en el momento pero que no tardaría en llegar.

En eso apareció la fisioterapeuta junto con su compañero, ambos habían estudiado la universidad en Puebla aunque en diferente generación.
En fin, me saludaron y me llevaron a conocer las instalaciones.

La clínica es algo pequeña, aunque muy cómoda. Entre los que en ese momento laboraban estaban 2 fisioterapeutas, una recepcionista y una señora que se encargaba de la limpieza.
Contaba con 3 cubículos, un consultorio, un área de usos múltiples, lavandería, recepción y la sala de espera.
Contaba con los equipos indispensable como son los combos de ultrasonido y electroestimulación, láser, tinas de hidroterapia, parafineros, compresas, bicicletas estáticas, espejos para reeducación de la marcha, caminadoras, etc.
Realmente me pareció interesante todo aquello, imaginé que podría llegar a tener algo así una vez finalizada la carrera y después de algunos años de trabajo.

Una vez finalizado mi recorrido por las áreas de la clínica entró la dueña, me saludó y comenzó con la entrevista. Principalmente quería saber a que me dedicaba, en donde vivía, el por qué quería estar en la clínica, etc.
Al finalizar, me dio la bienvenida, me dijo que esperaba que aprendiera mucho en el tiempo que estuviera ahí. Le agredecí por aquella oportunidad, sabía que iba a aprender mucho estando ahí.

Mi permanencia en la clínica fue corta, aproximadamente 2 meses debido a que llegó la época navideña y todos salimos de vacaciones. Más sin embargo, fue una increíble experiencia, hasta ese momento había llevado solo un semestre en la universidad y debido a que las prácticas clínicas comenzaban hasta tercer semestre no había tenido la oportunidad como tal de conocer aquello que envuelve a un fisioterapeuta.
Estando en la clínica tuve la experiencia de ver trabajar a 2 fisios, conocer a bastantes personas y llevar a cabo su proceso de rehabilitación.
Conocí muchas historias, deportistas con el temor de perderse la temporada y con el riesgo de perder la beca que la universidad les proporcionaba por competir, amas de casa que se sentían mal por no poder ayudar en el hogar, empleados que ansiaban volver al trabajo y algunos otros que deseaban más sesiones, y a los niños, que veían aquel lugar como una oportunidad más para seguir jugando.

Había dolores de algunos cuantos días y algunos otros de varios meses e incluso años, había pacientes optimistas de iniciar la rehabilitación, algunos otros desesperanzados  que iban con tal de ver feliz a sus familiares al verlos asistir a sus sesiones. Eran bastantes las razones por las que terminaban ahí, cirugías para aliviar el interminable dolor, algún accidente en el trabajo, practicando deporte, alguna caída, algunos con enfermedades que tenían desde el nacimiento, algunos otros con enfermedades a causa de la edad.

Y ambos fisioterapeutas que día con día llegaban con bastante energía y que se retiraban exhaustos, quizá queriendo llegar a casa a la espera de algún tratamiento relajante como el que a veces solían aplicar. Más les esperaba una serie de tareas domésticas que hacer antes de dormir.

Había pacientes que terminaban el proceso a las 10 sesiones de tratamiento pero también estaban aquellos que requerían semanas, e incluso meses y en quienes la falta de motivación podría volverse el peor enemigo. Con ello entendí, que al igual que un chef busca recetas nuevas para complacer a los comensales, un fisio busca ser creativo y cumplir con el objetivo sin volver tediosa la rehabilitación y que pese a que haya muchos aparatos nuevos y de alta tecnología, las manos siempre serán nuestra mejor herramienta, nuestros oídos, el canal para dar paso a las historias de cada persona y nuestra voz que con práctica se convierte en la herramienta que llena de energía y motivación.





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